miércoles, 25 de enero de 2012

Miércoles... para qué?

Resulta difícil soñar cuando tan negros nubarrones se ciernen sobre esta parte de la Tarraconense, y sobre todo si más allá sólo observas un mar de amenazante oscuridad… Es el momento de acudir a los vaticinios de Delfos o buscar aquellos oráculos que han permanecido ocultos bajo otros mantos… A buen seguro que los sacerdotes inspirados por mi hermano Apolo nos cantarán aquello de “todos los días sale el sol, chipirón” y con el dulzor del vinagre en los labios nos ordenan soñar. Soñemos que la UMU abre la bolsa de trabajo de griego, soñemos que el Kalendarium MMXII ya circula por la cuna de la gens classica y que aunque la ubre se ha secado podemos disfrutar con nuestros discentes de “Nivea et septem pumiliones”. Cierto es que si hubiéramos dispensado el silfio a ciertos mortales, nos habríamos ahorrado tamaños disgustos… Lástima que se extinguiera hace tanto tiempo y que esta antiquísima carta astral, que tal vez nos avisaba de futuras penurias, no hubiera sido antes descubierta!
Pero esos rayos de sol, que bañan por igual la Torre de Babel y el Templo de Niuserre, acarician suavemente la aterciopelada piel de la divina entre las diosas, Calipso. Hermosa inmortal que sin subterfugio ni hechizo  bien claro a quien quiera saber responde la tan reiterada pregunta de “¿el latín, para qué…, y el griego?"...
Todavía hay tiempo para enrolarse en la tripulación del astuto Odiseo, pues la gens classica, ya acostumbrada a bogar contra adversas corrientes, entonará aquello de “ἀναγιγνώσκω, ἀκούω, γράφω, λέγω”, mientras las noticias latinas de Radio Torcal, que anuncian el V Certamen de Europa Latina, acallan los insinuantes cantos de las sirenas que atraen a las cóncavas naves contra las aguzadas rocas de la desesperación.
Y ya desde su ígneo carro el resplandeciente Helios alumbra el nacimiento de la web de la SEEC  del País Vasco y de los diez descubrimientos más importantes sobre los helenos de este último año…
Pero ¿y si los clásicos dirigieran nuestras empresas? Ah, cómo me gustaría saber la respuesta de Apolo a tan cabal interrogante…

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