miércoles, 10 de febrero de 2010

Los dedos de Hermes

Esto de ser casi un dios con muchas tareas también tiene sus ventajas, pues hace mucho que hube de aprender a hablar con los dedos, sobre todo con quienes había de guiar hasta las puertas del Hades. Muchos de estos espíritus todavía desprenden el grato olor de los aceites aromatizados, otros encierran una parte del mundo divino con el óbolo de su boca, mientras todavía se resisten a olvidar sus amores griegos. Estos dedos me permiten contar de IIII en IV las habitaciones de esta insula de Bilbilis con la que ciertos mortales han practicado la anastilosis virtual.
Con mi digito indice señalo una a una todas las celebraciones grecorromanas que han de acontecer en las tierras hispanas y uno a uno los antiguos objetos recuperados por los saguntinos...
Con mi digito medio paso las páginas del Ars Amatoria (edito orbergiana) de mi estimado Ovidio, quien escribió sabios consejos para los mortales no en versus quadratus sino en la que podría ser una segunda lengua extranjera para la ESO. Seguro que para estos discipuli discipulaeque resultarán útiles y provechosos estos exempla vivi sermonis Latini.
Entre mi annularis y mi auricularis se me escapan los vencidos en el bellum holitorium con la misma facilidad con la que se deslizaban los enigmas del acueducto segoviano
Mi pollex, parlanchín él, me susurra la Història d’Heròdot, para después narrarme las monumentales sorpresas que esconde el anfiteatro de Carthago Nova. Y mientras toma aire de nuevo se pregunta maravillado por qué las vacas no hablan
Y siendo los hados caprichosos y mis trabajos muchos más que los de Hércules, es muy posible que os indique con todos los dedos de mi mano dónde está Sucro
¡Cansados ya están mis dedos de hablar por hoy!
Usque ad Mercurii diem, mortales!

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