miércoles, 1 de octubre de 2008

In memoriam

Parece que con la llegada del otoño Láquesis le ha cogido gusto a la tijera y quiere que junto a los dioses estén unos cuantos de los mejores de los clásicos mortales. Si hace unos días fue a López Eire, el pasado domingo  guié a mi pesar hasta las puertas del Hades y de los Campos Elíseos a Toni Vinyas. Ya estarán ambos explicándoles a cuantos espíritus quieran escuchar el dilema hoplítico o los verbos para un educador.
Pero no sintáis tristeza, pues ahora seremos los dioses quienes disfrutemos con ellos… ya os llegará el turno de uniros a nosotros. Mientras llega ese momento, disfrutad de las ventajas gastronómicas del nabo y del aniversario de mi querido Chiron, al que últimamente Zeus no me deja atender como me gustaría. Seguid las aventuras de este nuevo Ulises que seguro os hará sonreír y participad del congreso "Internet en el aula", pues aún estáis a tiempo.
Disfrutad de la Domus Baebia Saguntina, ahora que ya es oficial su existencia, seguid aprendiendo de los lugares clásicos ya sea el acueducto de Albarracín-Cella, ya sea la bella Dianium y su nueva guía clásica o recorriendo la Vía Augusta con F. Lillo. Sonreíd sin disimulo con las palabras de Luciano de Samosata, asombraos ante el misterioso Homero  o repasad vuestro latín junto a Maximus Decimus Meridius o acompañad al doctor Who por las calles de Pompeya. No temáis haceros a la mar incluso en una pequeña birreme, pues velaré por todos vosotros, mis clásicos mortales… si es que osáis seguir a Tales hasta Marte.
Pero ¿todavía dudáis en uniros a los 3.000? ¿Andáis tal vez enredados con estos trabalenguas latinos o entretenidos en los nuevos colloquia cottidiana? No os demoréis, Marcial y sus epigramas os aguardan con una épsilon escondida en la túnica y la compañía de la innata lex de Extremoduro, pues hasta Hermes ha llegado a tiempo.
Y ahora que hemos dejado atrás dioses de alto nivel, Escilas y luchas míticas, Mercedes Madrid continúa abriéndonos el sendero de la mitología clásica. Y aunque no me gusta hablar de mí, Mercedes me ha recordado sucesos que en mi mente inmortal estaban ya muy arrinconados. ¡Ay madre!¿Por qué me dejaste coger las vacas de Apolo?


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