miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dē Chīrōnis triumphō

Hay un lugar, alejado del Olimpo y de las grandes divinidades, donde Hermes se retira los días en que Zeus no le encomienda alguna labor. Ese lugar tuvo en tiempos clásicos una importante cantidad de vīvāria piscium, lo que dio origen a su actual nombre.
Allí, ensordecido el ruido de las urbes históricas, Hermes sueña cada miércoles a través de la red de la gens classica… Y estos sueños no serían lo mismo sin un Centauro que está de enhorabuena, pues acaba de recibir un merecido premio otorgado por la SEEC.
Y si queréis saber qué es para mí Chiron, baste decir que es una de mis alitas talares, uno de los nudos gordianos que aglutinan a la gens classica hispana. Es, ciertamente, immedicābile malum, como bien dice Erasmo en sus republicados adagios. Pues nadie después de conocerlo puede permanecer indiferente, ni siquiera el somnoliento Diceópolis, que recién levantado se acaricia pensativo el mentum o παρειά. Centauro afable que a sus lomos nos permitirá visitar la Pompeya Vaticana, mientras nos muestra sencillas actividades en griego o destapa las capsae cerámicas que guardan celosamente los manuscritos de Qumrán
Y el próximo sábado aquí, en este lugar (hīc et in hōc locō) tendremos la oportunidad de aprender con una didáctica chironiana, amiga de Aracne, y que sabe como pocos tejer la telaraña de la enseñanza y el aprendizaje colaborativo. Seguro que las horas de los hōrologia de ROMA volarán como centellas ante tal magistra…
En fin, si alguna vez Chiron se viera en la sangrienta arena, mi mano mostraría sin dudarlo el signo “pollice pressō”, pues Chiron somos todos, aunque hay quienes le acunaron y no permitirán que desfallezca…
Va por ti! Va por la gens classica!

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